Génesis del Parque Nacional de Cutervo
Nadie mejor que el Dr. Salomón Vilchez Murga para contarnos un pedacito de la inmensa y fatigosa historia de los origenes del primer Parque Nacional de nuestro país. A continuación resumimos uno de los capítulos de su libro, "Parques Nacionales del Perú", en el que nos cuenta cómo un milenario árbol le hizo comprender la necesidad de proteger esa zona para la futura generación del Perú.....
Pocos recuerdos infantiles sembraron en mi espíritu raigambres más profundas como el de aquel domingo en la Estancia de La Succha...........
Todos habían ido por la mañana al pueblo de Cutervo dejándonos a mi madre y a mí, en el campo solitario.El camino hacia el pueblo, subía por el cerro en un trazo quebrado, entre los matorrales, hasta alcanzar el dorso de la colina en el lugar denominado "El Palo Solo". Allí, los que se iban agitaban su sombrero en señal de despedida. Allí mismo, con silbidos y señales, anunciarían su retorna los caminantes.
El nombre de "Palo Solo" se debía al árbol solitario que, perfilando en el cielo su tronco retorcido y su follaje abierto, era para nosotros como un amigo. Aunque habían árboles mucho más imponentes, ninguno significaba tanto como éste solitario centinela en el término visible del camino.
De pronto, cuando nadie lo esperaba, avistamos a un hombre descargando golpes de hacha sobre el árbol querido. Prorrumpimos en gritos de protesta. Nuestras voces no llegaron. Llamando a nuestros perros subimos presurosos, mas al ganar la altura, tan sólo alcancé a ver al árbol indefenso que caía.
Eché los perros sobre el irresponsable y le disparé con mi escopeta de dos cañones, sin lograr alcanzarlo. El hombre, ante lo inesperado del ataque huyó de prisa, cogiendo apenas su poncho que estaba en una piedra. Su intento de hacer carbón con este leño quedó Frustrado; pero el daño irreparable estaba hecho cual el asesinato de un ser querido. Y los campos de La Succha como nuestros corazones quedaron entristecidas por la trágica desaparición del "Palo Solo."
Transcurrieron los años y los hechos. Y tras larga ausencia volví al terruño. Y, en una frígida mañana de llovizna salimos de Cutervo con mis alumnos rumbo a los bosques de San Andrés. Nuestro objetivo: dar con una enigmática caverna que inquietaba al supersticioso campesinado de la región. Pasando la Villa de Sócota, en la cuesta de Mangalpa y La Chira, grandes troncos medio quemados yacían a manera de cercos, en tanto otros restos carbonizados estaban dispersos en los potreros, testigos de la acción devastadora del hombre que con el hacha los había derribado para formar un "roso" y acabarlos con el fuego. Efectivamente, más allá, grandes llamaradas y una columna de humo consumaban la destrucción de un bosque.
Prosiguiendo el camino ascendente culminamos la altura entrando en un bosque denso envuelto en una gasa de neblina. Extraño ambiente cuya quietud se matizaba a veces con el canto de las aves silvestres o con el rumor de los arrieros y sus acémilas que nos cruzaban en las curvas del camino. Tramontando este paso y bajando un poco al otro lado se despejaba la neblina y quedó a la vista un excelso panorama, el valle de San Andrés cubierto totalmente de verde, quedando en la parte alta los cerros de la Cordillera de Tarros con una densa formación de bosques. Las palmeras sobresalían del conjunto a manera de blancos cirios rematados en vistosos penachos. Y los helechos arbóreos querían destacar en esta lujuriante competencia de árboles, arbustos, epífitas, orquídeas, lianas y herbazales, líquenes y musgos.
Un Antro de Tinieblas, el Reino de las Aves Trogloditas
Auxiliados por los habitantes del valle penetramos al otro día en el bosque llegando a la base de la cordillera
Y no el eran los únicos vivientes. En tos remansos del riachuelo que discurría por el fondo existían pequeños pececillos del género astroblepus.
En el estrechamiento de una grieta pudimos coger un ejemplar de las aves bulliciosas que resultaba ser el célebre "guácharo" o "guaicharo" al que originalmente identificamos como Steatornis caripensis peruvianus por su similitud con sus congéneres de las cavernas venezolanas de Caripe.
De tamaño algo menor que el de una gallina, pero de alas muy grandes. Con aspecto de halcón, pero provistos de largas barbas o antenas. Estas aves frugívoras salen por las noches a recoger semilla de palmeras y nectandras para propio sustento y para sus pichones, que son muy gordos. Sus nidos, una especie de platos formados con tierra sobre ligeros levantamientos en las repisas de roca.
Pequeños terraplenes y fragmentos cerámicos dieron la evidencia de que el hombre primitivo incursionó alguna vez en estos ignotos antros quizás para recoger pollos de "guaicharos", quizás para practicar la hechicería o en busca de temporal refugio.
Avanzando unos doscientos metros, en un lugar donde no había rumor de los “guaicharos" decidimos apagar momentáneamente todas las luces. Fue tremenda la impresión que dominó nuestros ánimos en medio de este limbo en las propias entrañas de la tierra.
Luego, sin haber alcanzado el fin de la caverna, emprendimos el retorno. De pronto, a la distancia avistamos una especie de foco de potentísima luz blanca. Era el milagro del día que brillaba a la entrada, pese a que era el atardecer, contrastando con la negrura del recinto que dejábamos al fondo. Una inmensa emoción de libertad inundó nuestras almas al vernos reintegrados nuevamente al campo libre.
La Idea del Parque Nacional
Las maravillas que acabábamos de hallar nos hicieron pensar en la necesidad de defenderlas del peligro de destrucción. Por una parte los magníficos bosques y la admirable colonia de tan exóticas aves desaparecerían en pocos años sin dejar rastros. Los bosques serían talados y consumidos por el fuego para dejar tierras abiertas y empobrecidos, Las cuevas serían invadidas para aprovechar del aceite de los gordos polluelos, como ya ha ocurrido en algún otro lugar donde fueron encontrados. Y su bullicioso revoloteo sería silenciado quedando únicamente las renegridas sombras sin vida ni animación en el rondo de las gigantescas cavernas. Así surgió la idea de crear el Parque Nacional Cutervo en 1947. aunque sin calcular que sería muy largo y fatigoso el camino a recorrer para alcanzar este objetivo en memoria inmortal del "Palo Solo
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